Exilio y Literatura
Exilio y Redes Sociales
Exilio y Yo
"nunca más vamos a volver,ni aunqe estemos allá - esta ausencia es irrevocable" ...lo leo en la novela de Roberto Castillo Sandoval, Muriendo por la Dulce Patria Mía,de junio de 1998,y lo digiero hoy, siglo XXI,verano en Santiago,décadas después de mi retorno a la dulce patria mía.
Estoy acá?
En este dulce verano en que me pesa el sexenio en los huesos y los triceps he logrado leer nuevamente. Y éso es una victoria aderezada de derrota, ya que cuando no van quedando opciones y la discapacidad te arrincona,vuelves la mirada a las tareas pendientes y gozosa descubro los cientos de volúmenes acumulados,apenas ojeados en las espirales del tiempo urgente y se me abren la grandes alamedas de posibilidades nuevas.
En este país de poetas laureados y anti-poeta cervantino emparentado con mi sangre a traves de una rubia Julieta,todos escribimos. Cartas al Mercurio, a Punto Final, al Consultorio Sentimental de Jean de Fremise un día, en facebook, twitter,en comentarios a las noticias de los diarios y revistas digitales, en los innumerables blogs que abrimos y olvidamos y en los de nuestros amigos escritores-poetas-críticos-analistas que seguimos.
Tambien los muros de nuestras ciudades exhiben nuestros escritos sintetizados en gritos rabiosos.
Esta tarde en que el sudor corre de mi barbilla hasta mi ombligo en un dulce letargo similar al que se siente después de dar de mamar, leo ávida el libro de José Miguel Carrera Carmona, oficial de las FAC.
A José Miguel lo conozco desde que fui un día de un año cualquiera, a un acto de homenaje a un caído en combate,que lleva uno de mis apellidos:
Carlos Godoy Echegoyen y allí me empapé de una realidad desconocida, la de los jovenes chilenos internacionalistas. Muchachos que vivieron el exilio de sus padres y lo transformaron en compromiso de vida.
Las densas redes de los años se entretejen y arrojan curiosas presas...leía a Roberto Castillo, como dije, y el hilo conductor de esa su novela era
Arturo Godoy, personaje que en mi niñez de niña hija de nuevo rico en colegio de niñas de alcurnia se transformó en mi fantasma al serme atribuido un parentezco que era imposible de comprobar ni refutar. Sobrina de boxeador de Iquique...
Es así como las palabras de un exiliado del Norte y las palabras de un exiliado del Sur se enredan en mi y en mi historia de exiliada y me urge a compartir...
Mi tránsito académico por las redes sociales en el espacio virtual me entregan voces que exigen ser escuchadas, preguntas, denuncias,exigencias que ignoro si se vierten en otros oídos que no sean los de los mismos que rondan junto a nosotros en estos espacios.
Mi voz tecleada desde hace tanto navega por Internet en un desórden inclasificable que los nervios medianos de mis manos con artrosis serán incapaces de recoger, y es por eso que me transformo en cronista y recopiladora de las palabras de mis compañeros , aquellos conocidos-desconocidos que de una forma u otra relatan vivencias que fueron, son y serán mías. Así puedo compartirlas con los no-nacidos-entonces, objetos y sujetos de mis afanes.
Iba a ser fácil. Eso me dije cuando me lo pidieron, que sería fácil escribir un prólogo para un libro sobre el exilio chileno. Mal que mal o bien que bien, desde antes del destierro que nos cayó encima como una plaga a partir del golpe de 1973, mi vida había sido un desarraigo incesante y mi obra literaria una meditación sin fin sobre las pérdidas, los alejamientos y las expatriaciones. Y pensé: esto del exilio ya lo tengo cómodamente digerido, escrito, asimilado, es cosa de hilvanar algunas palabras y listo, ya estamos.
Lo que no esperaba era lo que pasó cuando me puse a leer este texto que ahora, en efecto, estoy prologando. No esperaba sentirme de nuevo sumido en el desamparo de lo que significó la salida de Chile, la tragedia no solo mía sino de un continente, el trauma de no reconocer sílabas, ni colores, ni colinas, ni el olor de la marraqueta, aquellas noches en que sabía lo que estaba sucediendo en algún sótano del país en ese mismo momento y no había nada que pudiera hacer, nada, absolutamente nada, para detener ese crimen repetible. No estaba preparado cuando empecé a leer este libro, para que se me llenara la cabeza de una oscura algarabía de recuerdos y dolores; y la verdad es que me es casi imposible ponerme ahora, en este instante, a transcribir algunas ideas compactas acerca de lo que vivimos y lo que aquellas vivencias expresan, aclaran y exponen sobre la vida nacional y las formas múltiples con que la cultura adentro y afuera creció ante el desafío. Como en los primeros años del exilio, me sentí agarrotado de pronto por el silencio, el peor enemigo del exilado, porque si hemos sobrevivido es para poder hablar, es para poder escribir, es para poder encarnarnos en representaciones y símbolos, rescatar a la patria prisionera en el arte ya que no era posible, todavía, en la realidad de cada día.
No voy a intentar, por lo tanto, construir el prólogo racional y supuestamente totalizante que yo, tal vez como una manera anticipada de defenderme contra el ramalazo severo del recuerdo, me pedía a mí mismo.
Solo esto, entonces, para este libro necesario, necesario e insuficiente.
Nos mandaron a morir al extranjero
Convertimos esa muerte que deseó para nosotros la dictadura en una pequeña victoria cotidiana.
Lo hicimos pagando un precio que todavía no hemos logrado claramente comprender, que los se quedaron tampoco entienden, que demasiados quieren olvidar. Lo que vivimos -y una parte de ello se encuentra en este libro- forma una zona, al final de cuentas, imborrable de la historia de Chile y también de la historia del mundo que fuimos enriqueciendo y – por qué no decirlo- conquistando, sí, conquistando a nuestro pesar.
Esa es la verdad: nos mandaron a morir al extranjero y quienes logramos sobrevivir fuimos encontrando una y otra manera de regresar a un país que ya no reconocíamos; regresar en cuerpo, en espíritu, en cuentos, en murmullos, en versos, una repatriación cargada de trastornos solapados y triunfos a veces más visibles.
De eso se trata ahora.
De transformar el largo exilio individual y colectivo en un retorno aún más perdurable, quizás todavía más creativo
Ariel Dorfman
Prólogo de Ariel Dorfman.
"L" Memoria gráfica del Exilio chileno 1973 - 1989. Un libro de Estela Aguirre y Sonia Chamorro
Ocho Libros Editores